EEUU más solo que nunca en la guerra contra Irán
Cuando Estados Unidos libró la Guerra del Golfo de 1991, el presidente George Bush padre se jactó de haber construido una amplia coalición como no se veía en décadas. Cuando su hijo atacó Irak en 2003, afrontó duras críticas, pero consiguió el respaldo de varios aliados incondicionales.
Ahora, una generación más tarde, el presidente Donald Trump ha atacado a Irán y apenas si intenta hacer amigos. Lanzó la guerra junto a Israel, que desde hacía tiempo presionaba a Estados Unidos para que atacara a los clérigos en el poder en Irán.
La estrategia de Trump hacia otros países se ha centrado en ejercer una presión intensa para que cooperen y en quejarse en voz alta cuando dicen que no.
Trump criticó a su aliado clave Reino Unido por ser "muy, muy poco cooperativo" y dijo del primer ministro Keir Starmer: "No estamos tratando con Winston Churchill".
El primer ministro de centroizquierda había restringido el uso de aviones de guerra estadounidenses a dos bases británicas y solo con fines "defensivos", alegando que no creía en un "cambio de régimen desde el aire".
Trump amenazó con cortar todo comercio con España después de que el primer ministro de izquierda, Pedro Sánchez, se negara a permitir el uso de bases españolas por parte de las fuerzas estadounidenses.
Estados Unidos e Israel ni siquiera fingieron acudir a Naciones Unidas antes de lanzar la guerra que mató rápidamente al ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán.
"En esencia, envía al mundo el mensaje de que los Estados Unidos de Trump se consideran por encima de la ley y ni siquiera creen necesario afirmar lo contrario", declaró Kristina Kausch, subdirectora gerente del German Marshall Fund.
Kausch dijo que la guerra solo reforzó la percepción que tienen los europeos de Trump, que ha dejado atónito al continente al amenazar con apoderarse de Groenlandia, miembro de la OTAN a través de Dinamarca.
"El grado de aislamiento de Estados Unidos o de pérdida de poder blando dependerá de lo desastrosas que sean las consecuencias de esta decisión", dijo sobre el ataque a Irán.
- Volver a centrarse en el Estado nación -
Trump ha retirado a Estados Unidos de numerosos organismos internacionales. Prometió ir por su cuenta con una política exterior de "Estados Unidos primero" y volver a enfatizar la centralidad del Estado nación.
Nadia Schadlow, que fue asesora adjunta de seguridad nacional en el primer mandato de Trump, dijo que la guerra demostró que los países no pueden confiar en Naciones Unidas cuando consideran que están en juego sus intereses de seguridad.
"Creo que la ONU tiene valor para la colaboración, para el diálogo, para el debate. Pero no creo que pueda impedir guerras, especialmente cuando un país está decidido y siente que debe actuar en función de sus intereses de seguridad nacional", dijo Schadlow, actualmente miembro del Instituto Hudson.
"Parece que los responsables de la toma de decisiones llegaron a la conclusión de que la seguridad y el factor sorpresa eran fundamentales y más importantes que la consulta", agregó.
Las escasas declaraciones inequívocas de apoyo a la guerra provinieron de los líderes de derecha de Argentina y Paraguay, así como del primer ministro Anthony Albanese de Australia, país que ha luchado junto a Estados Unidos en todas las guerras importantes.
Albanese respaldó la acción "para impedir que Irán obtenga un arma nuclear". El primer ministro canadiense Mark Carney expresó un apoyo similar, aunque pronto pidió una desescalada.
El presidente francés Emmanuel Macron se opuso al ataque por considerar que contravenía el derecho internacional, mientras que el jefe de gobierno alemán Friedrich Merz expresó su deseo de que termine la república islámica, al tiempo que confiaba en que la guerra fuera breve.
Washington ha mostrado poco interés por las sensibilidades de los países amigos.
Estados Unidos torpedeó un buque de guerra iraní que acababa de efectuar una visita de buena voluntad a India, un socio de Washington, y mató al menos a 84 marineros frente a Sri Lanka, después de que el secretario de Defensa Pete Hegseth prometiera rechazar "reglas de enfrentamiento estúpidas".
- ¿Beneficio estratégico para China? -
Irán, al igual que Venezuela, donde Trump destituyó al presidente Nicolás Maduro en enero, tenía una relación privilegiada tanto con Rusia como con China, que no quisieron o no pudieron defender a sus aliados frente al poderío militar de Estados Unidos.
China también necesitaba a ambos países para el suministro de petróleo, aunque había reducido su dependencia.
Pero la guerra también podría beneficiar a China. Las fuerzas estadounidenses están consumiendo rápidamente bombas, misiles y otros recursos que podrían usarse en una hipotética defensa de Taiwán, que Pekín reclama.
Además, China puede observar las operaciones militares estadounidenses en Irán, explicó Jacob Stokes, investigador del Center for a New American Security.
Los estrategas chinos habían descrito las dos primeras décadas del siglo XXI como una época de oportunidad, con Estados Unidos distraído en Afganistán e Irak, señaló Stokes.
"Existe este potencial de un gran beneficio estratégico, ya que Pekín está bastante satisfecho de ver a Estados Unidos atascado de nuevo en Oriente Medio", añadió.
C.W.Kuhn--BlnAP