Una pareja de médicos encara la guerra lado a lado en el frente ucraniano
Anastasia Podobailo, una doctora especialista en medicina de guerra, limpia la sangre que brota del brazo de un soldado herido y lo tranquiliza llamando "cariño" mientras su colega y marido, Mikola Yasinenko, comprueba que el suero intravenoso del paciente está pasando.
Los dos gestionaron juntos la pequeña cirugía y atendieron al soldado herido con una rutina minuciosamente ensayada a lo largo de años de trabajar hombro a hombro desde la invasión rusa, de 2022.
"Conocemos nuestras fortalezas y, bueno, nuestros lados no tan perfectos", comentó Anastasia, de 27 años, a la AFP en su hospital militar en la región oriental de Donetsk.
"Hemos trabajado juntos tanto tiempo que casi ni necesitamos hablar, solo mirarnos", agregó Mikola, de 31 años.
El esfuerzo de repeler a las fuerzas rusas ha permeado todas las áreas de la vida en Ucrania al punto que familias y parejas como Anastasia y Mikola sirven juntos y se consuelan mutuamente frente al dolor y el agotamiento.
La pareja, que trabaja en la 56ª brigada, se conoció en 2021, justo antes de la invasión rusa.
Mikola, oriundo de la ciudad portuaria de Mariúpol, ahora ocupada por Rusia, fue asignado a la base donde estaba Anastasia, originaria de Járkov, en el noreste.
En un entorno laboral de alto riesgo, sus personalidades se complementan.
Mikola, de brazos tatuados, es reservado.
Anastasia -concuerdan ambos- es de personalidad más abierta, y su baja estatura y voz tranquila la hacen una presencia calmante en las cirugías, sobre todo entre los soldados que se vuelven agresivos por el choque que han sufrido.
- El dolor por dentro -
En el 'punto de estabilización', duermen en un camarote de una habitación aledaña a la cirugía.
Anastasia llenó el espacio junto a su cama con peluches y lo decoró con afiches de capibaras, su animal favorito y su apodo militar.
Mikola ocupa la cama de abajo, lo bastante cerca para alcanzar a su esposa.
Juntos pasan varios días en el punto de estabilización antes de rotar para tomarse otro descanso de varios días.
Sin embargo, aún pueden ser llamados para responder a algún ataque ruso.
"Constantemente observo el auto, el equipaje, dónde estoy, qué estoy vistiendo. Se ha vuelto como una obsesión", comentó Mikola.
Este último invierno pudieron desconectar de verdad y reflexionar.
Mikola, Anastasia y unos 40 médicos más participaron en un retiro de 10 días en los montes Cárpatos, en el oeste de Ucrania, donde la AFP los encontró por primera vez.
El retiro fue planeado para ayudar a los médicos a procesar la carga psicológica de su trabajo.
"He tenido soldados cuyas últimas palabras eran que querían otro hijo o que amaban a sus esposas", recordó Anastasia en el retiro del año pasado.
Y gente que ha conocido murió en el frente de combate.
"Llevas el dolor por dentro, vives con él", expresó.
No hay cifras oficiales sobre el número de médicos muertos, pero el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dijo que 55.000 soldados han muerto, una cifra que se cree podría ser mucho mayor.
- "Intento no olvidar" -
Una tarde, Anastasia y Mikola asistieron a un concierto en un auditorio de grandes ventanales dominados por las montañas.
Poco a poco, los asistentes comenzaron a danzar en círculos. Anastasia y Mikola giraron hasta colapsar en los brazos uno del otro.
"Aquí te sientes liberado y cómodo porque todos son iguales a ti", señaló Anastasia.
"Te das cuenta de que hay gente igual de jodida que tú", declaró Mikola.
Las fuerzas rusas bombardearon la ciudad de Anastasia, invadieron la de Mikola y capturaron sitios importantes para su relación.
Karlivka, en el este de Ucrania, donde comenzaron a salir, lleva casi dos años bajo control ruso.
El pueblo donde Anastasia rechazó la propuesta matrimonial de Mikola -antes de cambiar de opinión y pedir ella que se casaran- también cayó en manos rusas.
"Si llegamos a tener niños, podré mostrarles mapas, el pueblo donde nos conocimos, donde nos hicimos pareja y donde nos turnamos pidiéndonos en matrimonio", contó Anastasia.
"Pero no podré llevarlos allí".
Para ella es como si las fuerzas rusas se llevaron parte de su historia personal junto al territorio que arrebataron.
"El tiempo borra tus recuerdos, no importa cuan vívidos eran. Todo se desvanece", expresó Anastasia.
"Intento no olvidar".
C.Weber--BlnAP